| Siempre que la presencia sea anormal, incluso si es posterior, debe
buscarse inmediatamente ayuda experta. Las complicaciones del parto
entran dentro del campo del veterinario, cuyos conocimientos especializados
se encuentran muy por encima de los que posee el criador. En ocasiones
no se rompe espontáneamente el cordón umbilical; sólo
es necesario cortarlo en los casos en que, tenazmente, se mantiene
intacto (aunque se deben dar todas las oportunidades para que se
rompa por sí solo). El corte se practica atando bien fuertes
un trozo de cuerda esterilizada alrededor del cordón, a unos
4-5 cm. del vientre del potro, y además a 2.5 cm., aproximadamente,
del primer nudo. Se efectúa entonces un corte entre ambos,
con una navaja o unas tijeras esterilizadas. El extremo de corte
debe tratarse con yodo, con un polvo antibiótico o con un
aerosol a base de aureomicina y violeta de genciana. El mal articular
del potro, se debe a la entrada de gérmenes a través
del borde libre de rotura del cordón umbilical.
Cuando
un potro se encuentre en dificultades para respirar, se le debe
agitar y colocarlo con la cabeza hacia abajo para eliminar el
líquido que haya podido quedar en sus vías nasales.
En caso de que no haga intentos de respirar, se le sacudirá
con una toalla húmeda o se le dará un masaje enérgico.
Soplando aire a través de uno de los orificios nasales
mientras se mantiene el otro cerrado, como en la respiración
boca a boca, se obtienen a veces buenos resultados.
La
expulsión del lecho del potro o prolapso, se produce por
esfuerzos excesivos de la yegua durante un parto difícil
y después de él. La matriz parece una masa en forma
de pera, de color rojo brillante y en los casos graves, puede
quedar colgando hasta llegar casi hasta los corvejones. Al detectarse
el más leve signo de aparición de la matriz entre
los labios de la vulva, inmediatamente debe llamarse al veterinario.
Mientras se espera la llegada de éste se pueden aliviar
los efectos del peso de la matriz prolapsada tomando una sábana
limpia, caliente y húmeda, o un trozo de toalla, y sujetándola
tan cerca de la vulva como sea posible. El veterinario aplicará
ciertos métodos de retención cuando se haya vuelto
a colocar el útero en el interior del cuerpo de la yegua,
en general mediante suturas y sedación.
A
veces, parece que al potro le resulta imposible tomar su primer
alimento. Puede ser porque la debilidad le impide mantenerse en
pié durante el tiempo suficiente para dar los primeros
pasos hacia la yegua, o porque, aun siendo capaz de andar, parece
desprovisto de todo instinto relativo a la búsqueda de
las ubres o a la función de éstas. Con frecuencia,
se da el hecho de que un potro fuerte y decidido a ganarse el
alimento es burlado por una yegua con cosquillas, poco colaboradora,
que no soporta los primeros titubeos infructuosos de su hijo.
Cuando la causa del fracaso del potro sea su propia debilidad,
se extraerá la primera leche de las ubres (calostro) y
se le administrará con un biberón y una tetina esterilizados.
La ingestión de la primera leche es de importancia vital
para el recién nacido, ya que sirve para eliminar el meconio
negro que se encuentra en el interior del aparato digestivo en
el momento del nacimiento. Tras dos o tres tomas de alimento,
con intervalos de una hora entre ellas, el potro adquirirá
la suficiente energía para levantarse y se le podrá
guiar entonces hacia las ubres, tras humedecer éstas con
la leche de la yegua. Se debe facilitar también el flujo
de leche hacia el hocico y labios del potro. Una vez que haya
succionado de forma natural, continuará haciéndolo
sin más ayuda.
Para tratar las posibles afecciones de los potros se requiere
la ayuda del veterinario. |