Su
esqueleto se compone de 210 huesos individuales, proporcionando
sostén a los músculos, protegiendo a su vez los
órganos internos, sus componentes poseen la movilidad necesaria
para que el animal pueda desplazarse. Sus diferentes articulaciones
proporcionan diferentes grados de movilidad. Los huesos de las
articulaciones se encuentran recubiertos de cartílago,
el cual es más blando que el hueso y sustituye los efectos
del desgaste en la superficie. La articulación se completa
con la cápsula que produce la sinovia, el cual es un líquido
articular que lubrica las superficies articulares, reforzando
los ligamentos que unen los huesos.
La
articulación debe su movimiento a la forma de la superficie
articular y la posición de los ligamentos y otras estructuras
de sostén, tenemos como ejemplo al menudillo que es más
flexible, a diferencia de la rodilla la cual se puede flexionar,
mientras que la babilla puede moverse en diferentes direcciones.
El
esqueleto está formado de tal forma que cumple funciones
particulares. La superficie del omóplato y las apófisis
transversas de las vértebras lumbares poseen un extenso
espacio en la inserción de los poderosos músculos
que facilitan el movimiento de las patas delanteras y traseras.
El cráneo es relativamente alargado, dejando espacio para
los dientes y sus raíces, las órbitas de los ojos
se encuentran distantes, dándoles una visión periférica
que los alerta a cualquier peligro.
El
esqueleto posee diversas características, dentro de las
más importantes encontramos a los pequeños metacarpianos
y metarsianos, los cuales se localizan a cada lado de las cañas,
las cuales son los vestigios de los dedos perdidos en la evolución,
estos huesos se encuentran unidos a la caña por ligamentos.
La fractura de la diáfisis ocasiona la inflamación
"sobre hueso"; también encontramos a sesamoides
que son dos huesos pequeños que forman la parte trasera
del menudillo y el hueso navicular debajo del bolillo. |