| El adiestramiento debe ser en un plan lógico de lo contrario
carecerá de un objetivo definido. Al caballo es imposible
explicarle el objetivo, por lo tanto es vital que el entrenamiento
siga una pauta lógica para que el animal reaccione con diligencia
a los deseos y exigencias del entrenador.
El
caballo tiene un espíritu simple, por lo que es básico
que el método encaminado a enseñarle se reduzca
a lo más elemental. Tenemos conocimiento acerca de su cuerpo
y funcionamiento, sin embargo ignoramos si puede pensar, y la
forma de sus pensamientos. Acerca de su intelecto o capacidad
de raciocinio tenemos pocas pruebas, aunque existe la posibilidad
de que posea ambas.
De
igual modo que nos es imposible pensar o comportarnos en forma
distinta de la humana, tampoco tenemos derecho a esperar que el
caballo se convierta en hombre o en algo parecido.
Libros tales como Belleza negra o El viento en los sauces,
muestran, un encanto indiscutible, sin embargo son culpables en
gran medida del escaso progreso realizado en la comunicación
entre hombres y animales. Por otra parte, es erróneo considerar
que los animales son incapaces de pensar o sentir. El término
medio es el que contínuamente debe buscar el adiestrador.
A
la edad de cuatro años, cuando ha sido montado, ha utilizado
las ayudas y demostrado que es capaz y está dispuesto a
llevar un jinete encima, debe empezar el adiestramiento progresivo.
Desde este momento y ya para siempre, el adiestrador debe tener
perfectamente claro que hay tres cosas fundamentales para cualquier
caballo de monta:
1. Movimiento
de avance suelto y controlado.
2. Postura correcta.
3. Ritmo uniforme a todas las andaduras y al tempo elegido por
el jinete.
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